Imaginemos que nuestras almas fueran personas. Fueran seres pensantes, con los que interactuamos.
Imaginemos que, además de nuestra conciencia, existiera nuestra alma. Que nos pide, nos pregunta, nos demanda, nos ordena, cosas.
E imaginemos que nuestra alma, un día, creyera que estamos haciendo lo equívoco, y nos abandona. Se hace a un lado de nuestro cuerpo, y toma el suyo propio, para hacer lo que de verdad quiere…
¿Está mal hacer lo mejor para uno, aunque nuestra alma diga que no es así? Porque, aunque nuestra alma tenga razón, hay cosas que simplemente no se puedan.
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